VIVIANA

“Con amor eterno te he amado”

Mi nombre es Viviana Gómez Estrada, soy la tercera de cuatro hijos y única mujer.
He entrado en el monasterio dos veces, en la primera no conocía mucho la vida de una monja, sólo de oídas, lo que la gente cuenta que no es en sí muy atractivo; lo que a mí me llamó la atención y me cautivó, fue en el proceso vocacional que tuve en Colombia, el testimonio de una monja superiora, me impresionó mucho que fuera tan alegre, radiante, con una mirada viva y profunda como no había visto antes; ella nos contaba recordando su historia como Jesucristo estaba en todo lo que vivía y como se encontró con su amor. Yo tenía ese deseo de encontrarme con un amor como el que ella describía; y fue así como llegué aquí, muy joven, desubicada, con muchas cosas por aprender de mi historia, de mi forma de ser, de la vida misma, cosas muy mías que me hicieron sufrir y pensar que quizá no tenía vocación y debía regresar a mi país; después de 21 meses y 13 días de estar conviviendo con las hermanas, en una vida tan sencilla, muy diferente a como la viví en casa de mis padres, regresé de nuevo a Medellín; yo no sabía ni me imaginaba lo que me esperaba cuando bajara del avión; pero dentro en mi corazón estaba ese deseo, más vivo que antes de encontrar ese amor tan grande, tan pleno, que colmara todo mi ser, que yo me apresuraba ya a buscarlo por caminos diferentes.
Tuve la oportunidad de estudiar enfermería, que era lo que quería estudiar desde que estaba en el colegio, fue una experiencia muy enriquecedora en la que cada paciente que atendí en las practicas me mostraban los faltos que estaban de un amor verdadero y yo también me sentía lejos de este amor, porque no me percibía digna de Él y me seguía negando a recibirlo; busqué otros amores de fachada, muy aparentes pero vanos, salí con varios chicos, todos tan diferentes entre ellos, pero allí no estaba ese amor que mi espíritu anhelaba, pues el solo hecho de que me dijeran que estaba bonita me causaba hastío, en cuanto esto sucedía ya me quería ir rápido de allí. Dos años estuve en Colombia y en este tiempo no dejé de ir a la iglesia, pero estuve en ocasiones buscando por mis fuerzas un amor No humano en los hombres ¡grave error!
Y es así como comienza un nuevo capítulo de amor y conquista en mi vida: Jesucristo quiso mostrarme de una manera más clara y necesaria para mí, que nadie por más que me quiera y yo sea por así decirlo, la luz de sus ojos; va a amarme como lo hace y lo ha hecho desde siempre Él. Ahora yo también puedo recordar mi historia y ver cuánto me ama, como me ha cuidado y ha velado por mí y que no me daba cuenta de ello; estoy tan agradecida con Él, con las hermanas que abrieron de nuevo las puertas de esta Santa Casa para recibirme nuevamente, porque las puertas de sus corazones, por la acogida que me han hecho, con el servicio, como están atentas a lo que nos pasa a todas pero en especial a mí, me parece y puedo asegurar que nunca se cerraron y es más, esperaron pacientemente y en oración a que yo no me resistiera, me dejara y abandonara en los brazos del Señor para ser amada, con un amor que su única medida es amar sin medidas.