San Francisco  “tenía tan presente en su memoria la humildad de la encarnación y la caridad de la pasión que difícilmente quería pensar en otra cosa… Deseaba celebrar la memoria del niño que nació en Belén y quería contemplar de alguna manera con sus ojos lo que sufrió en su invalidez de niño” (1C 84). Santa Clara por su parte, invitaba a sus hermanas a abrazar la vida y pobreza de Jesús y de su Madre, «por amor del Niño santísimo que fue envuelto en pobres pañales y recostado en un pesebre». Sus vidas fueron un canto de alabanza y una continua acción de gracias al Padre de las misericordias por su amor, por el desapropio del Hijo de Dios que no retuvo avidamente su dignidad sino que se hizo uno de tantos, uno con nosotros.

A semejanza del hermano san Francisco y a imitación de la hermana santa Clara, os invitamos a agradecer el don inestimable que se nos ha concedido en Jesús, el Hijo de Dios hecho carne por puro amor a la humanidad: ¡para que nos enterásemos de qué va el amor de Dios Padre por nosotros! Pero para ello, es necesario virar nuestra existencia y contemplar, con los ojos de la fe,  el verdadero eje de este tiempo y fiestas: ¡el amor de Dios Padre, que se ha hecho carne por nosotros en Jesús, por el Espíritu Santo! Él es el único motivo por el que anualmente celebramos estas fechas: nuestra felicidad es que Dios se hace carne y habita entre nosotros: «¡Cada día se abaja y se manifiesta a la humanidad en humildes apariencias: en la Eucaristía!»

La fraternidad de Hermanas Clarisas del Monasterio de santa Ana, os desean una muy santa y feliz Navidad 2018