HISTORIA

Síntesis de su andadura desde los comienzos del año 1518

Comenzaremos por decir que nuestro Monasterio nace del deseo de restablecer en Badajoz, Capital, la Orden de Santa Clara, extinguida por el año 1507, tras desaparecer el Convento de Santa Clara en dicha Ciudad. Este Monasterio al que nos referimos se extinguió a causa del paludismo, por encontrarse su ubicación muy cerca a las proximidades del río Guadiana y por otro lado por la cruel peste que experimentó la Ciudad causando gran daño en la misma y en toda Extremadura.
Nuestra Fundadora, M. Leonor Lasso de la Vega y Figueroa hija de D. Lorenzo Suárez de Figueroa y Mendoza, hombre hábil y discreto diplomático que manejó bien la política internacional de aquellos tiempos. Persona de indiscutible talento, poseía gran capacidad mental, como lo indican las embajadas que le confirieron los Reyes Católicos, una en Roma y dos en Venecia donde permaneció durante cinco años. Su hija Leonor, nació en Badajoz y falleció el 17 de abril del año 1558. Durante cuarenta años sin interrupción sirvió como abadesa a su comunidad, con acierto, amor y prudencia, como lo demuestra nuestra crónica monacal.
El Monasterio de Santa Ana, en Badajoz, fundado en 1518 por Bula del Papa León X, profesó la observancia del Santo Evangelio a tenor de la Regla confirmada por Urbano IV para toda la Orden de Santa Clara. El 27 de enero de 1970, siguiendo las directrices del Concilio Vaticano II, que recomienda volver a las fuentes, nuestro Monasterio profesa la Regla de Santa Clara de 1253, confirmada por Inocencio IV.
Entre los muchos privilegios que desde su fundación ha gozado nuestro Monasterio, empecemos por el año 1580, en que los reyes de España, Felipe II y Ana de Austria estando en Badajoz a la pretensión del reino de Portugal, se hospedaron en el Palacio de los Fonsecas y La Lapilla, patronos de este Monasterio, cuyo palacio estaba ubicado en la Plazuela de los Fonsecas, y hoy, llamada Plazuela de la Soledad. Tal cercanía a nuestro Monasterio surgió en la Reina Ana de Austria “…aficionarse más a las monjas de santa Ana…” , de ahí que al morir ésta en Badajoz a los treinta y un años, de edad, menos seis días el 26 de octubre, miércoles del año 1580, el Rey Felipe II mandó embalsamar el cuerpo de la Reina y las entrañas, residuos y una criatura de cinco meses de la que estaba en estado de gravidez; dispuso se enterrasen todo en el Coro bajo de este Monasterio. El Rey se vistió de luto para no cambiarse jamás.

En el año 1619, pasando por Badajoz el rey Felipe III, entró en el interior de nuestro Monasterio para visitar y orar ante el sepulcro de su madre Ana de Austria. La Comunidad se vio honrada con la presencia del Rey que presidió las Solemnes Vísperas de la Ascensión de Nuestro Señor.
En la Iglesia de nuestro Monasterio es honrada con suma devoción la Imagen de Nuestra Señora de las Virtudes y Buen Suceso, encontrada, en Madrid en una concavidad de la pared de la Iglesia de los Jerónimos, estando estos en obras de reconstrucción. Fueron tres las Imágenes que en dicha pared se encontraron, cada una fueron repartidas entre Madrid, Franciscanas de Trujillo y la tercera en Badajoz. Estas Imágenes fueron entregadas para su depósito y custodia a un joven llamado Alonso Sánchez de Herrera, al que por su vida ejemplar y virtuosa en la corte de Madrid, se le conocía por “el barbero santo”. Alonso de Sánchez de Herrera perteneció a la tercera Orden de nuestro padre san Francisco. Escribió una carta a nuestra Comunidad anunciando el envío de una Imagen de Nuestra Señora que tenía entendido por inspiración en la oración, era voluntad de la misma santísima Imagen, la venerasen en la casa de su madre Santa Ana en Badajoz y que por advocación se la llamase de las Virtudes y Buen Suceso. Su aspecto era de gran devoción. Su rostro negro, se asemejaba a las Vírgenes de Monserrat, de Guadalupe y de la Peña de Francia. Cada Imagen, fue enviada a distintos lugares; una se quedó en Madrid, en la parroquia que se le empezó a llamar “del Buen Suceso”. Alonso Sánchez de Herrera, murió el 25 de agosto del 1648, a los 31 años de haber entregado la Imagen de Nuestra Señora el 21 de Noviembre de 1617. De momento la Santa Imagen fue puesta en un altar colateral del Presbiterio hasta el año 1664. Posteriormente D. Francisco de Tutavila y del Tufo, Duque de San Germán, Gobernador y Capitán General de la Provincia de Extremadura, juntamente con su esposa, fueron grandes devotos de Nuestra Señora de las Virtudes y Buen Suceso. Tuvieron la feliz idea de proponer a la Comunidad trasladar la santa Imagen al Retablo Mayor, aunque éste en principio se encontraba sin dorar. Para su colocación mandó dorar en su totalidad todo el retablo barroco e hicieron una hornacina para colocar la Imagen de Nuestra Señora todo a sus expensas, aunque estas obras duraron en comenzar.

Con fecha 11 de junio del año 1771, en el Palacio de Aranjuez, el Rey Carlos III expidió Cédula Real que se conserva en el archivo de nuestro Monasterio, acogiendo al mismo bajo la protección real y la de todos sus sucesores en el derecho a la corona española. Le concedió el título de Real, dándole todos los honores y privilegios que acostumbra dar la Casa Real y disponía que en el pórtico de entrada a la iglesia, como al convento se pusiera el escudo de sus Armas Reales.
Guerra de la Independencia. Durante los días 7, 8 y 9 de Abril del año 1812, por la ocupación y revueltas napoleónicas, nuestra Comunidad fue expulsada y traslada a la casa de Ordenandos (Padres Paules) que por aquel entonces eran sus capellanes. En dicho domicilio permanecieron durante tres años.
Los disturbios políticos del siglo XIX. La obra de desamortización iniciada por las Cortes en Cádiz en 1812 y continuada durante el siguiente trienio, recibió con Mendizábal un impulso decisivo. Según expresión de Tirso Lozano Rubio que en su “Historia de Badajoz” dice refiriéndose a nuestro Monasterio: “…este Convento de Santa Ana ha podido resistir los vendavales de Mendizábal y de la Septembrina…” El Convento de Santa Ana resistió gracias al Art. 5º del Concordato: “…prefiriendo aquellos que tengan algún mérito artístico e histórico…” Nuestro Convento, no por eso nuestra fraternidad, quedó impasible, sino que abrió sus puertas y brazos fraternos a nuestras hermanas claustrales : Trinitarias, Madre de Dios de Valverde (Terciarias-Franciscanas Regulares Isabelas), Santa Catalina (Agustinas Recoletas), Santa Lucía (Terciarias Franciscanas Regulares-Isabelas) y Descalzas (Clarisas), como al mismo tiempo religiosas expulsadas de otros monasterio de nuestra Provincia. Una vez recuperado parte de su edificio monacal, nuestras Hermanas Descalzas, habiendo convivido con nuestra fraternidad durante tres años y tres meses, regresaron a su monasterio. Nuestras Hermanas Trinitarias, permanecieron once años conviviendo en Santa Ana. Dejaron escrito que por amor a su Orden que solo quedaban ellas en toda la región extremeña no se quedaban con nosotras para siempre. En cambio, las comunidades de las Terciarias Franciscanas, como la de las Agustinas, profesaron nuestra Regla el día 31 de Julio del año 1857, formando las cuatro comunidades, una sola comunidad.

Guerra Civil española, 1936-39. La Guerra Civil española dejó su huella en las crónicas de nuestro Monasterio. En ella se nos describen los principales acontecimientos vividos por las Hermanas en esos tristes y penosos años. El día 2 de agosto de 1936, a las siete de la mañana, y estando la Comunidad en el coro preparándose para la celebración eucarística, un grupo de milicianos entra en la iglesia y les ordena desalojar y salir del Monasterio inmediatamente. La comunidad vivía preparada para este momento, por lo que con antelación y clandestinamente, sacó a todas las hermanas jóvenes con la Imagen de Nuestra Señora de las Virtudes y Buen Suceso y quedaron las hermanas mayores acompañadas de una hermana joven custodiando el convento. La Providencia Divina puso compasión en uno de los milicianos, que conocía a la Comunidad por su profesión de albañil, habiendo trabajado en nuestro Monasterio y quería y respetaba a las hermanas. Encontramos mucha nobleza en este personaje, el que se apellidaba “Bocanegra” y con valor expuso su vida por salvar a nuestra Comunidad. Desde el día 2 de agosto, la fraternidad vivió esparcida entre familiares, amigos y bienhechores y el 21 del mismo mes, regresó acompañada de una pareja de la Guardia Civil, que antes de tomar posesión de su Convento las monjas, lo registraron en su totalidad. La Comunidad de Santa Ana recobra nuevo vigor con la afluencia de nuevas hermanas jóvenes que alegra y empuja hacia una vida nueva.

El día 18 de octubre del año 1975, se une a nosotras la Comunidad de Nuestra Señora de los Dolores, de La Parra (Badajoz), en número de diez hermanas.
16 de marzo de 1988, La Consejería de Educación y Cultura, Sec. Patrimonio de la Junta de Extremadura, acuerda detener por incoado expediente de declaración como Bien de Interés Cultural con categoría de Monumento a favor del Real Monasterio de Santa Ana, en Badajoz Por tal motivo, el 18 de Abril del mismo año, recibimos de la Dirección General de Bellas Artes y Archivo del Ministerio de Cultura, el Código A-R-I-51-000005426, correspondiente a la anotación preventiva de nuestro Monasterio, en el Registro General de Bienes de Interés Cultural, como dicho Bien con la categoría de Monumento
El día 2 de agosto del año 2007, tuvimos la gozosa fusión de la Comunidad de Nuestra Señora de Gracia, de Jerez de los Caballeros (Badajoz) en número de diez hermanas, con nuestra fraternidad.
Así mismo nuestra Comunidad se va enriqueciendo con la aportación de jóvenes valientes y llenas de alegría con su entusiasmo y creatividad venidas de los países de Perú, Colombia y Polonia, precisamente en esta época de decadencia vocacional.
Para poder conocer con amplitud la interesante historia del Real Monasterio de Santa Ana, te invitamos a leer los tres tomos del libro de “Historia del Real Monasterio de Santa Ana de Badajoz” escrito por nuestra hermana sor María Celina de la Presentación Sosa Monsalve.

Gracias, Señor, porque me creaste.”

Santa Clara

En contra de la tendencia al individualismo consumista que termina aislándonos en la búsqueda del bienestar al margen de los demás, nuestro camino de santificación no puede dejar de identificarnos con aquel deseo de Jesús: «Que todos sean uno, como tú Padre en mí y yo en ti».

Papa Francisco, Gaudete et Exsultate, 146

Os bendigo en mi vida y después de mi muerte, cuanto puedo y más de lo que puedo, con todas las bendiciones con las que el Padre de las misericordias ha bendecido y bendecirá a sus hijos e hijas.”

Bendicion de Santa Clara