«Nadie tiene amor más grande que el que entrega su vida por sus amigos»

Cuando amas de verdad o verdaderamente, vas hasta el final con o por ese alguien a quien amas, no puede ser de otro modo y ese es el riesgo: asumir las consecuencias de este amor. Cuando hablamos  del amor de Dios o del amor a Dios, no nos referimos a ideas abstractas, este amor se encarna en Jesucristo, en Él se visibiliza lo que significa amar hasta el extremo, amar como el Padre ama, de ahí que Jesús literalmente «armó lío» con sus modos de amar…

De hecho, «desde el inicio de su ministerio en Galilea, Él se acerca a los leprosos, a los endemoniados, a todos los enfermos y los marginados. Un comportamiento de este tipo no era para nada habitual, tanto es así que ésta simpatía de Jesús por los excluidos, los “intocables”, será una de las cosas que más desconcertarán a sus contemporáneos. Ahí donde hay una persona que sufre, Jesús se hace cargo, y ese sufrimiento se hace suyo. Jesús no predica que la condición de pena debe ser soportada con heroísmo, a la manera de los filósofos estoicos. Jesús comparte el dolor humano, y cuando lo encuentra, de su interior emerge esa actitud que caracteriza el cristianismo: la misericordia. Jesús, ante el dolor humano siente misericordia; el corazón de Jesús es misericordioso. Jesús siente compasión. Literalmente: Jesús siente estremecer sus vísceras. Cuantas veces en los evangelios encontramos reacciones de este tipo. El corazón de Cristo encarna y revela el corazón de Dios, y ahí donde existe un hombre o una mujer que sufre, quiere su sanación, su liberación, su vida plena.

Es por esto que Jesús abre los brazos a los pecadores. Cuanta gente perdura también hoy en una vida equivocada porque no encuentra a nadie disponible a mirarlo o verlo de modo diverso, con los ojos, mejor dicho, con el corazón de Dios, es decir, mirarlos con esperanza. Jesús en cambio, ve una posibilidad de resurrección incluso en quien ha acumulado tantas elecciones equivocadas. Jesús siempre está ahí, con el corazón abierto; donando esa misericordia que tiene en el corazón; perdona, abraza, entiende, se acerca… ¡Eh, así es Jesús!… Porque no acepta que el ser humano consuma toda su existencia con este “tatuaje” imborrable, con el pensamiento de no poder ser acogido por el corazón misericordioso de Dios. Y con estos sentimientos Jesús va al encuentro de los pecadores… Y ellos, no solamente son consolados a nivel psicológico: el perdón nos consuela mucho, porque somos liberados del sentimiento de culpa. Jesús hace mucho más, ofrece a las personas que se han equivocado la esperanza de una vida nueva: Una vida marcada por el amor». (Catequesis del papa Francisco)

Y para que nos sea posible «comprenderlo», Dios nos regala testigos de esta esperanza. Por eso queremos compartir con vosotr@s la misión evangelizadora que Juan Manuel Cotelo realiza desde su profesión, puesta al servicio del anuncio del Evangelio a través del cine. Seguramente sabréis que ha realizado varios trabajos con este objetivo y que próximamente estrenará su nueva producción, cuyo trailer os ofrecemos aquí.