Dios Padre misericordioso cumple lo que promete: no nos deja ni solos ni abandonados. En Jesucristo, Luz de luz se realiza lo inimaginable: las tinieblas se tornan luz y todo cobra sentido, la fe ilumina la existencia y da un «color peculiar» a la realidad, curando  enfermedades y dolencias, como aseguró Pedro en los Hechos de los Apóstoles: «La fe en su nombre os ha restituido completamente la salud» (Cf. Hch. 3, 11.26).

¡Venid, adoremosle! Os invitamos a dejaros iluminar las tinieblas del corazón con la adoración al Santísimo: silencio y oración, fuentes de claridad abundante.