Ha llegado la hora en que Jesucristo,
Hijo de Dios, glorifica a su Padre:
¡la obediencia es amor y el amor tiene forma de cruz!

 «¿Queréis llevar a cabo conmigo la gran transformación y edificar el reino del Padre?  ¿Queréis vivir mi convicción, la del que no se aferró convulsivamente a la forma de Dios, sino que la creó y la vació y comenzó a derramarse con ánimo de servicio y humildad hecho obediente hasta la muerte de cruz? ¿Lo queréis? Pues en vosotros tiene que culminarse mi obra y esto se llevará a efecto cuando mi corazón lata en el vuestro, y todos los corazones, sumidos y dúctiles, latan conjuntamente en mi Corazón para el Padre. ¿Lo queréis?»

(El corazón del mundo, Hans Urs Von Balthasar)